viernes, octubre 30, 2009

AMOR.



No sé si será que ando perdida en los mundos de Yupi, quizás sea que me siento en una eterna luna de miel o que reparo en pequeñas cosas que pasan desapercibidas a simple vista. No sé si será que no me dejo cegar por la maldad, o que hoy veo coloritos. A lo mejor es sólo una conclusión estúpida hecha desde un punto de vista muy particular... pero lo cierto, es que creo que hay algo que nos une a todos, una energía poderosa que hace que el mundo siga girando y que las personas sigamos moviéndonos. Si reparo en los pequeños gestos o en aquello que nos alienta a seguir, si me detengo en las luchas que emprendemos o en lo que defendemos, veo claramente que lo que inunda todo, lo que puede con todo, lo que impregna todo, lo que es todo, es el amor, en todas sus manifestaciones. El amor hace que el mundo sea mundo y que siga latiendo.

jueves, octubre 29, 2009

FIELTRO.










La idea de trabajar el fieltro surgió en una clase de inglés, y el objetivo era hacer pequeños broches y venderlos con el fin de donar lo que consiguiera a una ong que está trabajando en Indonesia con los orangutanes, y haciendo una labor magnífica para sacar adelante a todos aquellos que rescatan, quemados, heridos de bala, huérfanos y ya con un pie en las puertas de la muerte.

Ahora, trabajar el fieltro es una vía de escape cuando me siento bloqueada, tengo un mal día o simplemente necesito distraer mi cabeza del golpeteo de los pensamientos. Es una cura, una meditación, un dejar salir a la geminis creativa que vive dentro de mí.

martes, octubre 27, 2009

NUESTRAS ÚLTIMAS HORAS EN CERDEÑA.



La rampa de la discordia.



Llegada a Barcelona.



En el restaurante.



Todos detrás de la línea mientras esperábamos el ferry.



Muertecitos de sueño.




El punto donde nos perdimos.



Buscando la ubicación de la Necrópolis en un mapa.




¿Extraterrestres?.


Una imagen de los preciosos atardeceres.


Dejamos Alguero con la intención de ir a visitar la Necrópolis, y en esas estábamos cuando me pareció ver dos veces la misma casa, dos veces el mismo letrero, dos veces el mismo árbol...y de repente, Ardorín que pone el intermitente y se mete enmedio de una isleta. Lo pensé al instante: "¡El gps!". Estaba en lo cierto, de nuevo el fabuloso gps me dió la razón. Os recuerdo que el gps de Ardorín tiene lapsus en los que nos informa de que circulamos por un camino de tierra cuando en realidad vamos por la autopista y, en este caso, nos pasea por Cerdeña al libre albedrío sin encontrar el acceso a la Necrópolis. Me gusta que sucedan estas cosas porque hace que los que andan "encorsetados" se "desencorseten".

Allí estábamos, tirados como colillas enmedio de un cruce de carreteras y recurriendo a los planos de toda la vida. Se intentó, pero al final no pudo ser y decidimos regresar a Porto Torres, así que esto queda pendiente si algún día volvemos.

Llegamos a casa, ducha, cena, charreta y a dormir un par de horas en el sofá. A las tres y media arriba, a las cuatro y media camino del puerto para embarcar a las seis. Llovía a cántaros, y allí estábamos todos esperando la llegada del barco y refugiándonos donde buenamente podíamos.

Por culpa de la rampa de la discordia, esa que nuestros maridos respectivos son incapaces de subir con la moto si nos llevan a cuestas, Ardorina y yo subimos por el acceso peatonal y nos encontramos con tres amabilísimos señores en la recepción del ferry que nos pedían el billete para entrar, billete que se quedó un revisor que controlaba el acceso en la entrada del puerto. Ardorina estaba alterada, convencida de que se quedaba en tierra, mientras a mí me dió la risa tonta cuando les explicábamos porqué no habíamos subido encima de la moto con nuestros respectivos esposos. Finalmente, enseñándoles las fotos que llevábamos en la cámara, uno de ellos se fue en busca y captura de los susodichos, y regresó con Ardorin, así que respiramos aliviadas porque al menos sabíamos que en Cerdeña no nos íbamos a quedar.

Fuimos directos al camarote. Dormimos largo y tendido. Despertamos para ir directitos a comer, y después, de regalo por ser buenas, las dos mendas decidimos disfrutar del spa y de un masajito, porque nosotras lo valemos. Terminamos forzosamente con una ducha fría, que el agua caliente parecía no existir, ¿verdad Ardorina?.

Tras el relajamiento total, llegamos a Barcelona y hasta aquí puedo contar.

Lo mejor de Cerdeña, para mí, los pinos que llegan al mar.

sábado, octubre 24, 2009

GRUTA DE NEPTUNO.



En mi cabeza, una melodía de El último de la Fila, "Hierbas de Asia": "errar contigo, mareaditos. Te trajo el viento y te amé como a un niño...", por eso del mareo total.



El culpable de mis desvelos.



Una ¿lagartija?. Foto tomada por Pedro, que yo no tenía el horno "pa" bollos.



Parte baja de uno de los acantilados.



Panorámica de Alguero, dejando atrás la ciudad.



Entrada a la gruta.



Los famosos 656 escalones a la derecha de la foto, que si lo sé, los bajo y subo encantada.



Y este faro me pareció el lugar ideal para pasar un mesecito de vacaciones.



Dicen que la Gruta de Neptuno es una de las maravillas naturales más impresionantes que se pueden ver en Cerdeña. La verdad es que estaba deseando visitarla, y por este motivo, regresamos a L´Alguer, con la única intención de coger uno de los barcos que salen desde el puerto para acceder hasta la entrada de la cueva.

También se puede llegar hasta la gruta bajando los 656 escalones tallados en la pared rocosa que llevan a su entrada. Bajarlos y después subirlos, claro. Hubiera estado dispuesta a hacerlo, sin duda alguna, por dos motivos: el primero, siento debilidad por las cuevas, reminiscencias de mi juventud, de cuando estuve un tiempo practicando espeleología; el segundo: la Gruta de Neptuno tiene fama de ser una de las más impresionantes del Mediterráneo por sus lagos, pasadizos, espacios amplios, estalactitas, estalagmitas…, perfecta para soñar.

Nos hicieron esperar unas horas porque el mar estaba un poco alborotado, pero finalmente salimos sin garantía alguna pero con la esperanza de poder visitarla.

El calor era asfixiante, el barco bailoteba, todo empezó a dar vueltas en mi cabeza, y ni los magníficos acantilados, ni las maravillosas playas todavía intactas, ni nada de nada de nada, lograron ausentar el pensamiento de las terribles sensaciones que me invadían, y es que me sentía morir, literalmente. No sabía como ponerme, ni sabía donde meterme, ni como escapar de esa terrible sensación de "voy a vomitar".

Resistencia.

Al llegar a la entrada de la gruta, pensé que, finalmente, iba a tocar tierra firme y que se había terminado la pesadilla, pero nada de eso, el barco empezó a bambolear hasta que me convencí de que íbamos a volcar. Las olas estaban furiosas y Neptuno no se alió con nosotros para dejarnos llegar hasta el acceso peatonal, así que nos comunicaron que no iba a poder realizarse la visita y salí despaborida, como alma que lleva el diablo, a la parte baja de la embarcación buscando un rincón donde escapar del mundo, de la sensación de angustia infinita. Realicé un ejercicio mental para evitar pensar sólo en mi mareo, y en el intento de dirigir mis pensamientos hacía otro lugar, no sé muy bien porqué, acabé en las Bahamas, el absurdo rumbo de la mente en su caminar, porque no es un destino que llame especialmente mi atención.

Terminamos la excursión en una pequeña cala donde estuvimos el tiempo suficiente para conseguir que me recuperara un poco. Chapoteé en el agua transparente con un refresco en la mano y aunque me costó un ratito regresar a la normalidad, lo conseguí siguiendo los tropecientos consejos de mis compañeros de viaje. La vuelta fue bastante mejor que la ida.

jueves, octubre 22, 2009

REGRESO A L´ALGUER.



Regresamos a Alguero con la única intención de poder visitar las cuevas de Neptuno. El primer día que fuimos fue imposible porque el mar estaba más que alborotado, así que volvimos con ese único objetivo.
Aprovechamos para comer en un restaurante junto a la muralla y ponernos las botas, una vez más, con el helado italiano que no tiene desperdicio por su cremosidad y su sabor intenso. Por tercera vez consecutiva, Ardorin, se quedó con ganas de probar el de chocolate que andaba siempre agotado en todas las heladerías(mirar que cara de enfado tiene en la foto), pero no se podía hacer nada porque lo poco que quedaba sólo daba para uno y siempre ponía una etiqueta: "Lorena".
Risas generales porque Pedro es tan fino y se toma tanto tiempo para degustar un helado, que termina por derretírsele, armando la marimorena.



La muralla bordeando el mar.




Esta señora que veis en la foto, se dedica a recoger y cuidar gatos abandonados. Esta tarea le cuesta 300 euros mensuales. Entiendo sus buenas intenciones, sin duda tiene un gran corazón y ama a los animales, pero les está haciendo un flaco favor, a ellos y al entorno. No es bueno alimentarles de este modo. De hecho, no dejan de traer nuevas criaturas al mundo. No pude evitar pensar en el gato del farero, una historia que narra Miguel Delibes de Castro en su libro: "La Naturaleza en Peligro". Ediciones Destino. 2005, que os recomiendo ya de paso. Ahí podreis leer la historia, pero resumiéndola mucho, narra lo que sucedió cuando un farero a quien le gustaban los pájaros y también los gatos, fue destinado a vivir en una pequeña isla de Nueva Zelanda. Se llevó al gato que hizo desaparecer un pájaro que sólo habitaba esa isla.




Para terminar, esta foto en la que salgo medio resignada porque casi me cargo la maleta por empeñarme en sacar las postales para dárselas en mano a la señora cartera, tenía a mi Pedro contento...

miércoles, octubre 21, 2009

SANTA TERESA DI GALLURA.



Que el viento no se nos lleve.



¿Veis un anciano de perfil o son mis ojos?



Sobre el granito blanco.



Pensando vete tú a saber en qué...





Ardorina disfrutando de la música del mar.



Pedro fue el primero en llegar a la cala.



Bajando la colina.



Con la torre española detrás.




Santa Teresa de Gallura es un pueblo que se encuentra ubicado al extremo norte de Cerdeña. Es famoso por el Capo de Testa, lugar donde se pueden observar unas rocas graníticas con formas curiosas.

Al llegar, nos acercamos a un mirador situado junto a la torre española, con unas vistas preciosas sobre los acantilados blancos de Bonifacio, en Córcega, y la playa de la Rena Bianca. No tardamos mucho en buscar un caminito para bajar hasta una pequeña cala de agua verde azulada donde tuvimos ocasión de disfrutar de unos momentos de relax total en un entorno precioso.

Desde Cerdeña hasta Córcega hay unos 12 kilómetros de distancia, unos cincuenta minutos en tiempo, y desde Santa Teresa se puede coger un ferry para visitar Bonifacio. Nosotros, por desgracia, no tuvimos tiempo ya de acercarnos hasta allí, pero aprovechamos para observar los acantilados desde la otra orilla.

Estuvimos disfrutando un buen rato del mar embravecido golpeando las rocas de granito donde nos encontrábamos sentados. Ardorina se quedó un poco más arriba por culpa de un tobillo magullado. Ardorin nos ofreció un espectáculo privado de lo más variopinto, y Pedro hizo el reportaje fotográfico mientras yo intentaba sacar jugo al momento y no pensar en nada, que es difícil, pero algo avancé en esto de poner la mente en blanco. La verdad es que disfruté mucho de la sensación de integración absoluta con el paisaje que me rodeaba. Un lujo, un auténtico lujo.

martes, octubre 20, 2009

CASTELSARDO.



Catedral de San Antonio Abad.







Artesanía típica en Castelsardo.



Iglesia de Santa María.



Cestas de fibras vegetales.




Tras doblar una curva de la carretera, apareció Castelsardo ante nuestros ojos, dominando, majestuosa, una colina sobre el mar. Recuerdo que pensé que era el pueblo que, supongo, resultaría de mezclar Peñíscola con Morella. Lo mismo no tiene nada que ver pero lo cierto es que se me pasó por la cabeza y una vez más me resultó todo enormemente familiar.

Empezamos la visita en la parte más alta del pueblo, en el castillo medieval que perteneció en su día a la familia de los Doria, fundadores de Castelsardo. Actualmente, recoge en su interior un museo que muestra piezas antiguas de artesanía. El castillo, en mi opinión, está muy remodelado, y cuesta ponerse en situación e imaginar cómo discurría la vida antaño. No parece un típico castillo medieval, eso sí, sus vistas sobre la ciudad no tienen desperdicio.

Las callejuelas estrechas, repletas de plantas y suelos empedrados, invitan a perderse. Son casi laberínticas, y recorrerlas es un placer para los sentidos. El olor a mar, el sonido de las olas golpeando fuertemente las rocas, la luz, la brisa, el sol, la vida que discurre lenta y la tranquilidad que se respira, hacen que inevitablemente una sienta cierta paz mientras pasea, y casi se llega a olvidar los múltiples, agotadores e inagotables desniveles y escalones que presiden alguna de sus calles.

Llegamos a la Iglesia de Santa María que fue construida en la época medieval. No es muy rica en ornamentos pero merece la pena visitarla. Es sencilla, y eso precisamente la hace más valiosa. Dentro, se puede disfrutar de unos hermosos altares de madera, una antigua estatua de San Francisco, y una capilla que alberga un Cristo Negro, considerado el más antiguo de la isla. Es en esta iglesia, donde el Lunes Santo, comienza la más interesante y característica procesión de Semana Santa en Cerdeña. Se denomina la ceremonia del Lunissanti, y se remonta, probablemente, al siglo XI. Durante la procesión, en el pueblo se apagan todas las luces y los callejones, plazas y pasos son iluminados por antorchas de los fieles, creando una atmósfera única.

Y paseando, paseando llegamos hasta la Catedral de San Antonio Abad, patrón de la ciudad. Me hizo sonreir recordando tiempos pasados, porque este santo es casamentero, vamos, que quien quiera novio/a que rece a San Antonio. La iglesia es del siglo XVII, y se encuentra ubicada junto a un acantilado con una panorámica preciosa. El campanario está separado de la iglesia y fue originalmente un antiguo faro. El interior es predominantemente gótico, y la fachada tiene una forma peculiar.

Tras las visitas obligadas, encontramos un rincón perfecto para comer y cerramos este capítulo con un buen sabor de boca, disfrutando de un hermoso paisaje y una comida deliciosa. Inolvidable.

lunes, octubre 19, 2009

PALMAVERA.



Una de las dos torres.



Plano del yacimiento.



Los visitantes del día.



Dos payasetes que no se sabe muy bien qué estaban haciendo.



La cabaña de las reuniones.




Las protagonistas de la película.


Regreso a Porto Torres.


Este yacimiento arqueológico se encuentra situado a unos ocho kilómetros de Alguero y conserva una parte, la más antigua, que data aproximadamente del Siglo XV a. c, que se dice pronto.

Hay restos de unas cincuenta cabañas con forma circular y una cabaña de reuniones. Todo el complejo estaba rodeado de una muralla defensiva y centrándose en las ruinas, uno puede casi adivinar como vivían los primeros habitantes de Cerdeña.

En nuestro caso, llevábamos un guía como la copa de un pino, mi Pedro, ni más ni menos. Nos tuvo amenizados durante toda la visita despertando nuestra imaginación y distribuyendo el interior de las cabañas al libre albedrío: "aquí iba la chimenea...,seguro que aquí dormían, y aquí tenían el almacén..."

Los expertos dicen que aún quedan más de cien cabañas enterradas. Se cree que eran un refugio para momentos en que el tiempo no acompañaba, porque en aquella época, según se tiene entendido, la mayor parte de la vida discurría a la intemperie.

La cabaña de reuniones era el lugar donde se celebraban debates políticos, ritos, ceremonías y hacía funciones de juzgado. La verdad es que se puede apreciar en las fotos, pese a lo que ha llovido, que Palmavera se encuentra resistente al paso de los años y muy bien conservada.

viernes, octubre 16, 2009

CHIESA DI SAN FRANCESCO.



El paseo marítimo donde iniciamos y finalizamos la visita a Alguero.









La iglesia de San Francisco, es del siglo XIV si no recuerdo mal. Tiene un precioso claustro en su interior que supone un respiro para el visitante(esto lo digo yo), ya que la iglesia está muy ornamentada o esa fue mi impresión. Contiene un bello prebisterio gótico, la Casa Doria, que data del siglo XVI.

Curiosamente, lo que más me impresionó de esta visita fue la imagen de un señor que se llamaba Massimiliano y que ahora es un santo "San Maximiliano de Kolbe". Bueno, en realidad, se llamaba Raimundo pero le hicieron el cambio de nombre cuando se hizo fraile. Nació en Polonia en 1894 y murió en el campo de concentración de Auschwitz. Pese a que sus ideas y las mías hubieran chocado frontalmente, la verdad es que me admiro de su valentía. Estando prisionero en el campo de concentración, se fugó un preso, y los nazis tenían una espantosa norma que proclamaba que si se escapaba uno, debían morir diez. Uno de los elegidos para esta muerte injusta, fue un sargento polaco de 41 años que pidió entre sollozos que le perdonaran la vida puesto que tenía una mujer e hijos de quien cuidar, entonces Massimiliano salió a la palestra diciendo: "«Yo me ofrezco para sustituir a este hombre, soy sacerdote católico y polaco, y no estoy casado». Casi nada, hay que tenerlos bien puestos. Le dejaron sin comer tres semanas y después le asesinaron con una inyección de fenol. Tenía 47 años. Así que fue canonizado 11 años después por Juan Pablo II. Me dan escalofríos sólo de imaginarme la tremenda situación y no dejo de admirar semejante acto de valentía. Hay que sentir un amor muy grande por el prójimo para ofrecer tu vida a cambio de la suya, ¿no os parece?.
¡Buen finde a todos!

jueves, octubre 15, 2009

CAMPANILE.








Continuamos la visita a L´Alguer y llegamos hasta el Campanile de la Catedral de Santa María donde nos tomamos unos minutos para visitarlo.
Para llegar hasta este lugar, de nuevo hay que perderse por las estrechas callejuelas del casco antiguo.
A los que decidais visitar Cerdeña alguna vez, no os encanteis con el horario de la comida, que allí no se come tan tarde como aquí, y si os presentais a las tres lo más probable es que no os sirvan, sí, experiencia propia.
Lo de perderme en las iglesias me gusta, pero cuando no hay nadie, es decir, nada de misas ni cosas por el estilo. No siento que la visita a un lugar esté completa, si no entro en una de sus iglesias, porque me parece increible como antaño eran el centro de todo y los pueblos se construían a su alrededor, casi como una necesidad imperiosa,como si eso garantizara estar más cerca de Dios.

miércoles, octubre 14, 2009

LAS ESCARLATAS.








Supongo que os preguntareis que hacemos vestidas de esta guisa, o quizás, ¿cómo osamos a poner estas fotos en un blog para que las vea tó quisqui?. Ardorín nos llama "Locas", y algo de razón no le falta.

Estas fotos tienen mucho que ver con el viaje a Cerdeña, aunque parezca que no pegan ni con cola.

Íbamos paseando por las calles de Alguero y nos paramos a mirar un escaparate de una casa de fotografía donde todo el mundo aparecía disfrazado de época, o en grupos de personas vestidos con el traje regional de Cerdeña. Ardorina y yo, nos miramos sin pronunciar palabra y nos entendimos perfectamente. Intentamos arrastrar a nuestros maridos a hacernos una foto de grupo, y no hubo manera, están muy encorsetados y todavía no han aprendido a ponerse el mundo por montera, así que en nuestro empeño de disfrazarnos y hacer algo divertido, terminamos dentro de la tienda decididas a colocarnos el mismo vestido, uno de terciopelo verde que según el fotógrafo es inglés y del siglo catapum.

¿Por qué ese vestido y no otro?. Mi película preferida del mundo mundial es "Lo que el viento se llevó", y hay una escena maravillosa en esa película, en la que Scarlatta O´Hara, harta de trabajar recogiendo algodón para mantener Tara en su poder y sostener a su familia, se va con Mamita hasta uno de los salones de la mansión y arranca de cuajo unas cortinas de terciopelo verde con las que le pide a Mamita que le haga el mejor de los vestidos. Su intención, no es otra, que seducir a Rhett y conseguir de este modo, el dinero que necesita para que Tara no caiga en manos ajenas.

Pues bien, dado que ambas queríamos el mismo vestido, no pudimos hacernos la foto juntas, y nos metimos, más bien nos aprisionamos, en su interior, con la ropa debajo de las faldas y las botas de la moto escondidas cuidadosamente. Yo empeñada en desnudarme para no parecer una mesa camilla, y el fotógrafo que no, que así estaba bien...y era cabezota el tío.

La sesión se alargó una barbaridad, porque nos hizo treinta fotos a cada una. Hubo momentos de ataques de risa, pero esta es la parte bonita de la vida, hacer locuras para darle chispa, sacar la vena artística que todos tenemos dentro y disfrutar.

La cosa quedó como quedó, con tanta ropa debajo y el corsé tan apretado que era imposible respirar con normalidad, creo que salimos demasiado tiesas, sudando a mares, riéndonos lo que no está escrito y apretando al fotógrafo un poco, que tenía muchas manías. Descubrimos que era austriaco y que estaba viviendo en Cerdeña por amor, oooooooooooohhhhhhhhhh...

Este post, sin duda alguna, va dedicado a nuestros respectivos maridos, ya que pusimos a prueba su paciencia. Creo que, en el fondo, estaban contentos de vernos tan felices a las dos, y eso es lo que importa al final, ¿no?.

Pd: No me digais que el sombrerito no es mono, jajajajaja...

martes, octubre 13, 2009

ALGUERO.



Nuestra llegada a Alguero fue pasada por agua. Ya nos empezábamos a mentalizar de que nuestros días allí iban a ser así, cuando el tiempo dió un giro inesperado, y al final, fue benevolente con nosotros. Salió el sol el tiempo justo y necesario para disfrutar de esta ciudad de la província de Sassari.



Sentía verdadera curiosidad por escuchar hablar a los lugareños, ya que en Alguero se habla un dialecto del catalán, el alguerés. Resquicios todavía que permanecen intactos pese al paso del tiempo, porque la ciudad fue repoblada en el pasado por colonos catalanes, después de expulsar a la población sarda autóctona en 1372.



Hay numerosas torres, todas se ven bien conservadas y estrechamente unidas a las murallas que caracterizan a esta ciudad.



Los colores, me tenían fascinada. La sensación de estar en casa, de que todo estaba muy vivo, muy sentido, muy latente. A mi alrededor, el ambiente me resultaba extrañamente familiar. Supongo que será cosa de compartir el mismo mar, el Mediterráneo, "mar en el medio de las tierras". Las olas golpeando fuerte las rocas, mezclando esencias, aromas comunes. El mar aporta vida a las orillas y a las ciudades que se apegan a él. Engrandece el espíritu, pone en armonía al alma, para que no discurra separada, para que forme parte del todo y concurra al mismo fin.



Los alguereses denominan a su ciudad "Barceloneta". Dicen que es la más bella de Cerdeña. No sé si esta afirmación es cierta, porque la belleza depende de los ojos de quien mira.



Alguero desborda los sentidos. Tiene un ritmo febril, acelerado para quien desee vivir con intensidad la vida urbana en la isla sarda. La atmósfera que se respira es cuanto menos peculiar, hay que saborearla poco a poco, transmite cierto ambiente festivo, aporta inquietud en las almas que se agitan fácilmente como la mía.



La verdad, es que los mejores momentos de la visita a Alguero los viví junto a la muralla. No me cansaba de la brisa, del mar embravecido golpeando furioso las paredes centenarias que permanecen intactas pese al paso del tiempo.



La murallas aportan una atmósfera única. Rodean la ciudad y hace que su panorámica tenga el encanto peculiar de quien permanece intacto al paso de los años. Protegían de ataques marítimos. Las torres de avistamiento también permanecen en perfecto estado. No es difícil imaginar como, antaño, desde ellas se divisaba cualquier movimiento extraño en el horizonte. Estas torres, ubicadas a lo largo de toda la costa sarda, servían como catalejo desde donde advertir de los peligros de barcos o de enemigos, y eran un punto de comunicación mediante juegos de espejos o fogatas.




Las callejuelas estrechas, empedradas, repletas de terrazas que ofrecen la oportunidad de sentarse para admirar el discurrir de la vida, el ir y el venir. Merece la pena perderse un rato por ellas. Sentarse a contemplar. Las casas del casco antiguo parecen abrirse al espectador, porque es una ciudad de puertas para afuera. Los carteles de cerámica al principio y final de las callejuelas anuncian su nombre en catalán.



Y este es el paseo marítimo. La parte que menos me gustó. Se encuentra ubicado junto a un puerto deportivo que en mi opinión quita mucho encanto a este rincón, lo estropea en realidad, pero es lo que hay.



Panorámica de la ciudad que se divisa desde la carretera de entrada a la misma. Llovía cuando hicimos esta foto, así que salió como salió y como dice siempre Pedro: "el que hace lo que puede, no está obligado a más".

lunes, octubre 12, 2009

PORTO TORRES.



Los aragoneses estuvieron por este lugar y dejaron esta hermosa torre llamada Torre de Porto.



Aquí estamos los cuatro, caladitos hasta los huesos y con la torre aragonesa detrás, aunque no se vea más que un mini ápice a la derecha de Pedro.



Con la iglesia románica de San Gavino detrás.





La iglesia di San Gavino está ubicada en la Piazzeta del mismo nombre y en la parte trasera hay una pequeña plaza , sin salida, con un encanto muy particular, donde se encuentran ubicadas unas columnas romanas. Debe de ser un placer salir de casa y tener en la puerta una iglesia románica, vamos, lo más normal del mundo, los hay afortunados...



Esta iglesia fue construida por los pisanos en el siglo XI.



En la cripta se hallan las reliquias de San Gavino y un hermoso sarcófago romano cuyas esculturas representan a las musas. No pregunteis que musas porque no tengo ni idea.



San Gavino es una inmensa iglesia románica, la más grande y antigua de Cerdeña. Está construida sobre un cementerio paleo-cristiano en el Monte Angellu.



Una portada del s. XV de estilo gótico-catalán da acceso al interior del edificio, llama la atención lo alargada que es la fachada.



Porto Torres es una localidad industrial del norte de Cerdeña con un importante pasado romano. Nos decantamos por quedarnos en esta ciudad ubicada en la província de Sassari, por una cuestión de comodidad, el ferry llegaba y partía desde allí. El día de nuestra llegada lo reservamos para conocerla.

Podríamos decir que llovió a cántaros, cayó el diluvio universal, rained cats and dogs...y aún así me quedaría corta, y nosotros, "paseando". Al principio, íbamos buscando refugio bajo los tejados, llegó un momento en que no había lugar seguro que nos protegiera de la cantidad de agua que caía, así que, de perdidos al río...nos dedicamos a ir pisando charcos, a disfrutarlos, como los niños chicos, y fue muy divertido.

La iglesia románica no tiene desperdicio. A mí, personalmente, es que me gusta ver estas obras de arte que permanecen impasibles al paso del tiempo y que te transportan a otros escenarios del pasado.

Bajar a la cripta ya me dió más yuyu, pero vamos, no me lo perdí, por supuesto. Las criptas me oprimen un poco, porque la atmósfera huele a cerrado, a húmedo, a muerte, son tremendamente lúgubres, aunque quizás ese sea precisamente el encanto que tienen para ser visitadas. En este caso, mereció la pena, porque tenía, dentro de lo sombrío y fúnebre, cierta belleza como podeis apreciar en las fotos, aunque aún me viene a la cabeza ese olor tan peculiar, esa sensación que transmiten de falta de aire, que casi parece que tengas dificultad para respirar, y digo yo que esto son cosas que hace el "coco" y siente el alma.

Tras la visita al monumento más destacado de Porto Torres, nos perdimos por sus callejuelas, y terminamos sentados en una heladería. Si no probaba el helado italiano de nuevo, me daba un síncope, creo que es uno de los recuerdos más vivos que tengo de mi anterior visita a Italia, lo ricos que estaban...mi elección estaba más que clara, sólo me gustan dos sabores, el de chocolate y en caso de que este sabor me falle, el de limón, pero eso sólo en caso de tener que sustituir al primero. Así que, nos pusimos las botas antes de continuar nuestra ruta hasta las inmediaciones del puerto para visitar la torre aragonesa.

Dimos un largo rodeo a Porto Torres y regresamos a casa cantando a grito "pelao" los éxitos de los años ochenta y las canciones de Barrio sesamo, total, era imposible que lloviera más de lo que ya había llovido.

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domingo, octubre 11, 2009

LLEGADA A PORTO TORRES.



Estrenando el jardín.



La casa.





Esperando que nos dieran vía libre para desembarcar.



Llegando a Porto Torres, ¡tierra a la vista!


Desayuno en el barco.


Amanecer en un barco es toda una experiencia. A mí me parece que los viajes marítimos aportan una extraña sensación de parón, de suspensión de la realidad, me sería difícil explicarlo de otra manera. Debe ser cosa del mar, que eleva mi imaginación más allá de lo que está a simple vista. El caso es que me imponen respeto los misterios que esconden los océanos, y creo firmemente en aquello que me decía mi abuela de que "el mar es sólo para valientes".

La belleza del mar está, en mi opinión, precisamente en aquello que no se ve, que es invisible a los ojos.

Desde que se divisó tierra, hasta que llegamos a pisar suelo firme, pasó el tiempo suficiente que necesitábamos para desayunar y dar un paseo por cubierta. Soñar, disfrutar de la brisa, del olor a sal tan peculiar que desprende el mar, el balanceo de las olas que invitan al vaivén del alma, a vivir anhelantes de cada segundo que estaba por llegar.

El desembarco fue del mismo modo, los ramperos moteros por un lado, y las mozas a pie por otro.

La entrada a Porto Torres me recordó a un compañero que me dijo que Cerdeña no era un destino que me "pegara" para nada. Creo que esta afirmación nació de la creencia de que soy una mujer de monte,encinas, musgos, helechos, pinos, ríos...y razón no le faltaba, pero también encuentro paz en los acantilados, en alguna playa vacía de arena blanca y aguas cristalinas, así que cambiar de escenario de vez en cuando no creo que sea malo, y yo era la primera en sentir curiosidad por saber qué era lo que me iba a ofrecer Cerdeña.

Todo me resultaba enormemente familiar. Como si ya hubiera estado antes allí. Me recordaba a un popurri de pueblos del mediterraneo, una mezcla de varios. Me vino a la cabeza Lido, un pueblo italiano donde estuve con 16 años. No recordaba que recordaba ese lugar, y fui la primera sorprendida en descubrir que todavía tenía ese nombre grabado en algún rincón perdido, el cerebro es el más grande de los misterios. Los edificios, la amplitud del espacio que nos rodeaba, la sensación de que el mar estaba cerca aunque no se divisara desde el pueblo, hicieron que me golpearan momentáneamente imágenes, fotografías antiguas del recuerdo que creía completamente olvidadas, así que la primera impresión fue de sorpresa total.

Llegamos a la casa donde íbamos a alojarnos, esperamos al casero, Antonello, que nos entregó las llaves de la misma y después de su marcha nos fuimos a comprar. Comimos en el jardín, que para eso lo teníamos, y nos preparamos para pasar la tarde descubriendo los rincones más hermosos de Porto Torres.

sábado, octubre 10, 2009

RUMBO A CERDEÑA.



Descubriendo todos los rincones del barco.



Con Barcelona a la espalda.



El camarote.



Las escaleras que hay en la entrada para subir hasta las habitaciones.



En la carretera, entrando a Barcelona y haciendo cola para desviarnos hacía el puerto.




Este viaje surgió así como quien no quiere la cosa. La idea era irnos unos días hacía el norte de España, y todo dió un giro inesperado cuando Ardorina me comentó que tenía ilusión por ir hasta Inglaterra, el problema era Ardorín, que es de la madre patria hasta la médula. Ahí entré yo en acción: "¿cómo?, ¿que Ardorín no quiere salir al extranjero?, pues ¡¡¡ahora nos vamos a Inglaterra!!!", por llevarle la contraria un poco, que soy "mu mala" algunas veces.

Las dos Marías, mano a mano, nos pusimos en marcha buscando ferries y horarios que se nos acoplaran al tiempo del que disponíamos. No hubo suerte con Inglaterra, pero sí con Italia, así que centramos nuestros esfuerzos en ese país. Al final, el destino elegido sería Cerdeña.

Una vez tuvimos el lugar decidido, dejamos las cosas en manos de los Ardorines que organizaron el viaje a las mil maravillas.

Ubicados en el punto de salida, en el puerto de Barcelona, llegó el momento de subir al barco. Gracias a las advertencias de Káliko acerca de lo peligroso de la rampa de acceso que tienen los ferries para las motos, Ardorín y Pedro nos mandaron a pasturar, es decir, que se negaron en rotundo a subir la dichosa rampa con nosotras a cuestas. Insistí para que nos acercaran hasta la entrada peatonal del ferry y nos bajaran antes de llegar al susodicho peligro. Nada, una pared hubiera sido más receptiva que nuestros maridos, así que ellos se fueron hacía el garaje del barco, mientras nosotras, cargadas con las maletas y los cascos respectivos, empezamos a dar una vuelta sin sentido a toda la estación. Ardorina iba muerta de la risa de verme a mi con un cabreo monumental, porque¡no me habían escuchado! y ese rodeo era innecesario. Se me fue el mal humor cuando diez minutos después, entramos en una pasarela resbaladiza que hizo rodar a Ardorina tres veces por las escaleras. La ví , literalmente, caer peldaño a peldaño, sin poder hacer mucho más que, desde la distancia, preguntarle: "¿estás bien?". Escuché sus carcajadas. La primera caída me asustó, la segunda me dió la risa pero la reprimí no fuera a ser que la siguiente patinadora fuera yo, y la tercera estaba tan destornillada que no me descalabré de milagro, gracias a la barandilla. Una pareja que iba detrás no daba crédito a tanto tortazo seguido, y en italiano, le dijeron a Ardorina, que sus botas eran malas, lo que la dejó perpleja porque le costaron un ojo de la cara. El resultado de la cabezonería de nuestros respectivos, hizo que termináramos repletitas de moraduras para el resto del viaje.

Llegamos al barco magulladas, armando un poco de escándalo con los ataques de risa continuados, era difícil pasar desapercibidas porque la discreción brillaba por su ausencia. Escondimos las maletas en los armarios para que nuestras medias naranjas pensaran que nos habíamos quedado en tierra y salimos de excursión a inspeccionar cada rincón del barco.

Y aquí, comienza esta nueva aventura.

viernes, octubre 09, 2009

DESPERTADOR.


Os preguntareis porque pongo a un militar con la corneta, pues muy sencillo, ahora en casa saltamos de la cama con el quinto, levanta, tira de la manta...y lo peor es que dice Pedro que él no ha tocado mi móvil, entonces, ¿tendremos fantasmas?.

jueves, octubre 08, 2009

BODAS.




Hablando de bodas, os dejo dos videos que no me canso de mirar. La boda en Triana es muy parecida a la mía que también fue rociera. No canté al novio para no estropear el soleado día, pero bailar, bailé un rato. Disfrutarlas.

miércoles, octubre 07, 2009

AYER.




"Nadie ha sido nunca capaz de medir, ni siquiera los poetas, todo lo que cabe en un corazón". Zelda Fitzgerald.

Recordar los aniversarios como mínimo...el primer beso, la primera cita, el primer cine...y ¡la boda!. Nueve añitos hace hoy. La calidad de las fotos no es muy buena porque he hecho un escaneo rápido, pero lo importante es no olvidar lo veloz que se ha pasado el tiempo, señal de que he estado muy entretenida trabajando a diario, como el panadero que no olvida que tiene que hacer el pan de cada día, enamorándome muchas veces de la misma persona, a mí me parece que fue ayer.

Así que este post es para él, para la otra parte implicada, que sigue dibujando mi sonrisa cada amanecer. Para que sigamos bailando en la cocina, recordando que los besos son gratis, espantando a la rutina, arreglando las discusiones antes de salir por la puerta o de irnos a dormir, sintiendo que lo que compartimos es el mayor de los tesoros, y que sin eso que llaman amor, el camino sería mucho más empinado. Compartiendo viajes, experiencias, sueños, guerra de almohadas, cosquillas, payasadas, proyectos. Viviendo el día a día a tope, porque nunca se sabe cuánto tiempo nos tendremos el uno al otro, seduciéndonos, escuchando nuestra banda sonora particular, mirando en la misma dirección y recordando las palabras de Nietzsche: "No es la falta de amor, sino la falta de amistad lo que hace que los matrimonios sean infelices".

1000.

lunes, octubre 05, 2009

HISTORIAS DE HOSPITAL.




Decía Isabel Allende en "Paula", que en los pasillos de los hospitales se pierden los pasos. Razón no le faltaba. Se me quedó esa frase grabada. La espera es larga, y en muchas ocasiones se hace tiempo, arriba y abajo, por esos largos corredores.

Estos días he estado en el hospital con mi padre, nada grave por fortuna, y he sacado rendimiento a mi estancia por esas lindes.

Sólo tuvimos compañero de habitación una noche, una y no más, como dice el refrán. Era un anciano que entró medio desorientado, así que nos paseaba por su vida sin darse cuenta de que el presente era otro bien distinto. Pedía encarecidamente que subiéramos las escaleras hasta la habitación 215, pero no se refería al hospital, sino a la residencia donde vive habitualmente. Su mayor preocupación era tener cerca la caja de medicinas y así le desaparecían los problemas durante un rato. Daba instrucciones a todo hijo de vecino, como buen guardia civil jubilado, y pese a su fuerte carácter no olvidaba añadir el "por favor" o el "gracias" al final de cada frase, aunque pidiera las cosas cabreado. Luego añadía: "yo soy serio, pero soy buena persona".
Nos dejó clarito a todas que él no ponía los cuernos a su señora, porque el mensaje era para las mozas principalmente, no fuera a ser que tuvieramos malas ideas.
Tuvo varios intentos de fuga, así que estábamos amenizados con él, con sus parches antidolor, sus pastillas de la tensión y demás medicinas que conocía mejor que los propios médicos. Daba las instrucciones pertinentes a las enfermeras y si no hacían bien la faena no le temblaba la voz al pegarles el rapapolvo, cosas de la edad mezcladas con un poco de demencia, pero me resultaba entrañable porque su sonrisa y su mirada delataban un buen corazón.
Una monja de la orden de la Consolación estuvo un rato acompañándolo y me puse al día en esto de los uniformes religiosos. La hermana Valle, muy resuelta y cariñosa, no tenía muchos más años que yo, es más, diría que estábamos a la par, pero a ella la llamaban de usted y a mí me tuteaban, gracias a Dios, jajajajaja... Me costaba poco hacer comparaciones entre los distintos caminos elegidos por ambas y el abismo que separaba nuestras diferentes formas de entender la vida. Sin embargo, no os quepa duda, la sonrisa sigue siendo el idioma universal.

Una pequeña excursión me llevó hasta la habitación de un español, Ángel, que ha permanecido en Venezuela durante 60 años y al que su familia perdió la pista casi desde el principio. Ahora, con sus 80 primaveras y gracias al milagro internet, y a la ayuda de un médico de allá que le ayudó a buscar a su familia de acá, ha regresado y se ha reencontrado con sus hermanas. Este anciano encantador me emocionó sin poder remediarlo. Me contaba que se pasaba los días pidiéndole al espíritu de su madre que le trajera de vuelta a su España querida, la "madre patria" como dice él, y está convencido que ha sido su madre quien le ha ayudado a volver desde donde sea que esté. Difícil que no llegará directo a mi corazón al oirle recordar a su madre con dolor por no haberla podido volver a ver, diciéndome con todo su sentimiento que como una madre no hay nada en la vida. Tuvieron que ir sus sobrinos a buscarle a la otra punta del mundo.
Hace poco volví a visitarlo y me hizo mucha gracia, cuando le pregunté:

-¿Me recuerda?, vine a verle el otro día.

Y me contestó:

-¡Cónchale!, claro, eres la alegría.

Me dió una gran lección, porque allí se quedó envuelto entre esas sábanas blancas de habitación de hospital, enfermo, y pese a todo, absolutamente feliz por estar aquí, en su país y con su recién recuperada familia a quien ni siquiera conocía. Para escribir un libro tiene, es un lujazo escucharle contar su difícil vida.

Más historias tengo, muchas más, de estas de pasillo de hospital, que pensándolo bien, no tengo yo tan claro que se pierdan los pasos allí.

viernes, octubre 02, 2009

FIN.







Hasta aquí mi viaje a Alaska. Finalizo con los últimos paisajes que vimos, y como vereis, nos dejaron un buen sabor de boca y el mejor de los recuerdos.

La última noche en Anchorage la compartimos con Alberto, un piloto que estaba descansando entre escalas y es ecuatoriano. Al entrar en un restaurante a cenar, nos oyó hablar en español y terminamos compartiendo mesa. Vive entre Shanghai y Singapur, así que nos tuvo amenizados toda la velada con su interesante vida.

El regreso, como todos,entre esperas, aviones, nervios, cansancio y el lujo de reencontrarte con la familia y el hogar.

Conclusiones un montón, he aprendido muchísimo en todos los sentidos de este viaje, y eso, quizás, lo dejo para otro día, que os tengo que tener a todos aburriditos.

jueves, octubre 01, 2009

LA ÚLTIMA EXCURSIÓN.



Esperando el tren para regresar a Anchorage.





Los paisajes que rodeaban el hotel.



Y con frío.




Los enormes cuervos que están por todas partes.




El hotel y sus magníficas panorámicas.





Los carromatos del lejano oeste.





Por la tarde, se nos ocurrió apuntarnos a una excursión organizada, algo que no solemos hacer porque preferimos la libertad de ir por nuestra cuenta, pero que en este caso, y con tan poco tiempo como teníamos, pensamos que era lo mejor para sacar partido al único día en Denali.

Llamamos a un teléfono que encontramos en la habitación del hotel, y nos apuntamos a una excursión que no teníamos ni idea de qué iba. Al final, aventura total.

Nos recogieron y nos llevaron fuera de Denali Village. En el autobus, Pedro y yo andábamos muertos de la risa porque eramos, y con diferencia, los más jóvenes. Rodeados de tercera edad, empezamos a preguntarnos dónde demonios nos habíamos apuntado, y la verdad, la incertidumbre fue muy, muy divertida.

Llegamos a un lugar apartado donde unos chicos nos esperaban para organizarnos por grupos. El nuestro, estaba formado por unos cuantos mocetones donde el que menos años tenía rondaba los 75. El guía, se acercó a mi y me preguntó:

-Where´re you from?.
-I´m from Spain, and you?
-Spain??, I´m from Colombia.
-¡Anda!, entonces, digo que yo que mejor hablamos en español, ¿no?.

Y de este modo, conocimos a Juan, que a mí personalmente me recordaba a Jacob de Crepúsculo. Es biólogo y compaginaba su tesis con este trabajo extra que realizaba a las mil maravillas, porque era un auténtico crack en relaciones públicas.
Probablemente, a estas alturas esté en su país, el trabajo era sólo para el verano ya que en Denali el invierno sólo ofrece frío. Con Juan, mantenemos el contacto de vez en cuando y puede que sea quien abra la puerta a otro voluntariado para el próximo año. Supongo que por eso el destino me llevó a realizar esta excursión y no otra. A veces, damos giros bruscos y raros con un objetivo que sólo comprendemos después de haber pasado la experiencia que nos tocaba vivir.

La salida consistía en un traqueteo encima de una carraca que imitaba los carromatos del lejano oeste. Los abuelitos que nos acompañaban, iban tapados con mantas hasta las orejas, mientras Juan les entretenía con sus mil historias. El conductor nos explicaba que los caballos y él formaban equipo, era serbio, y nos puso al corriente de la difícil vida que tenía en su país, lo que le obligó a irse de allí hasta llegar a Alaska, tan lejos, nos dijo varias veces que como en Europa en ningún sitio.

Nos presentamos uno a uno. Algunos venían desde Canadá, otros de Arizona, otros de Mineapolis y nosotros de España, un ooooooooohhhhh generalizado se escuchó y un aplauso espontáneo. Una hora después, paramos junto a una cabaña de madera y nos hicieron pasar. Fui la última en entrar porque un chico, que resultó ser el cocinero, me dió conversación. Resulta que el objetivo principal de la excursión era una cena, delicios por cierto, y con una numerosa cantidad de platos, muchos de los cuáles eran vegetarianos, así que fue perfecto, demasiado en mi opinión. Lo más divertido eran nuestras caras alucinando de que esa noche no teníamos que preocuparnos por buscar restaurante para cenar. Eso es lo que tiene escoger una excursión al azar.

Regresamos y nos despedimos del chico serbio cuyo nombre me es imposible recordar, y de Juan con quien seguimos en contacto.

El momento más tierno, cuando Rus, uno de los ancianos de mi grupo, se me acercó tímidamente para decirme que no sabía muy bien donde estaba España, y gustosamente le expliqué en que parte del mapa vivimos.